En diciembre de 1895, el gobierno coreano promulgó el Decreto Danballyeong, una ley obligatoria que ordenaba a todos los varones del reino cortarse de inmediato el moño tradicional en la coronilla, conocido como sangtu. Para la rígida moral confuciana de la época, el cabello era una herencia sagrada de los padres y cercenarlo equivalía a una mutilación filial imperdonable. Lo que los ministros prooccidentales concibieron como una simple medida de higiene y modernización desató un pánico nacional sin precedentes; las familias se atrincheraron en sus casas como si una peste hubiera llegado y las calles de la capital quedaron desiertas.
Para garantizar el cumplimiento de la ley, las autoridades enviaron cuadrillas de policías armados con tijeras de sastre a las puertas de Seúl. Los guardias emboscaban a campesinos y nobles que intentaban entrar a la ciudad, los inmovilizaban contra el suelo y les rebanaban el moño entre gritos y llantos desgarradores. El impacto psicológico fue demoledor: cientos de ancianos eruditos se suicidaron antes que vivir rapados, mientras que el célebre sabio Choe Ik-hyeon fue llevado a prisión tras desafiar a los jueces con un grito histórico: «¡Podrán cortar mi cabeza, pero jamás cortarán mi cabello!».
La furia colectiva pronto se transformó en una sangrienta insurrección guerrillera. Campesinos armados formaron el Ejército Justo de Eulmi y marcharon hacia las ciudades ejecutando a cualquier funcionario que llevara el pelo corto. Apenas dos meses después del edicto, el primer ministro Kim Hong-jip fue linchado, apaleado y decapitado en la vía pública por una turba enfurecida, mientras el propio rey Gojong huía disfrazado a la legación rusa para salvar su vida. La ley fue suspendida de inmediato, dejando demostrado cómo un decreto sobre el cabello derribó a todo un gabinete imperial.
"Miles de campesinos prefirieron morir de hambre aislados en las afueras de Seúl antes que cruzar las puertas custodiadas por policías con tijeras."