A finales de febrero de 1861, la isla de Singapur sufrió una serie de temblores sísmicos que sembraron el pánico entre la población colonial y nativa. Sin embargo, el verdadero desconcierto comenzó tras cesar los movimientos telúricos, cuando el naturalista francés Émile Blanchard y varios testigos presenciaron un fenómeno meteorológico tan desconcertante como imposible de ignorar.
Tras un fuerte aguacero que acompañó a las réplicas del terremoto, los charcos de agua recién formados en las calles y zanjas de Singapur se llenaron repentinamente de miles de peces de agua dulce viviveros, idénticos a los que se vendían en los mercados locales. Los malayos y chinos de la zona corrieron con cestas para atraparlos, asegurando que cayeron directamente del cielo ante el asónbro general de los oficiales británicos.
Aunque los científicos locales intentaron explicarlo argumentando que una tromba marina había succionado un estanque cercano y lo había arrojado sobre la ciudad, el misterio persistió debido a que los peces estaban completamente vivos y sanos. Este extraño evento quedó archivado formalmente en las anales de la ciencia decimonónica como uno de los casos mejor documentados de faunación meteórica en Asia Oriental.
"Muchos de los peces recolectados tras la tormenta sobrevivieron en estanques caseros durante años, demostrando que realmente cayeron ilesos desde las alturas."